El programa 153 es un programa de formación permanente en la vida religiosa ofrecido por la Congregación de las Hermanas Carmelitas de Vedruna. En julio 2010 cerramos el tercer y último curso del segundo ciclo de tres años. Cada curso tuvo lugar durante una semana del mes de julio. Tuve la suerte de ser invitada para formar parte del equipo de animación.
Desde los testimonios escuchados podría decir que las participantes al acercarse a este curso esperaban recibir una luces para mejorar la “animación y acompañamiento comunitario”, título y objetivo del programa, para seguir así mejorando en el seguimiento de Jesús.
Las expectativas de iluminación de nuestra práctica han sido altamente superadas con un trabajo que nos ha ido introduciendo poco a poco en dinámica de proceso transformador. Todo ello a través de unos núcleos de formación hábilmente entrelazados desde un hilo conductor. Mañanas de interiorización personal, tardes en dinámica grupal nos han permitido vivir una experiencia de profunda escucha y adentrarnos en nuestra vida de relación con nosotras mismas, con las otras, los otros, y con Dios. En una acogedora celebración final en torno al símbolo de los 153 peces que entraron en la red, hemos compartido la experiencia que cada una se lleva y agradece.
Al llegar el momento de la despedida y ante la calidez y la cercanía que llena el ambiente, me pregunto ¿qué puede hacer que un grupo de mujeres lleguen al término de la semana de “formación para animadores acompañantes de la comunidad” con tal entusiasmo, agradecimiento, expresiones diversas de cercanía, encuentro y con la alegría en los ojos?
Durante cinco días hemos rezado y reflexionado. Hemos acogido la invitación a mirar más allá y más adentro en una perspectiva integral. Nos hemos visto invitadas a ampliar el espacio de nuestra tienda creando un foro de reflexión y oración intercongregacional, en clave de reflexión personal y de profundización compartida en comunidad. La eucaristía y la lectio divina del comienzo del día nos situaron en la dimensión contemplativa que marcaría el transcurso de todo el encuentro.
Recojo el itinerario de contenidos y reuniones que han alimentado el proceso:
La primera oración nos lleva a la experiencia de la Transfiguración. Desde ella los discípulos podrán comprender y adherirse al proyecto del Reino de manera que esta invitación del Padre a escuchar al Hijo amado sea la clave de su misión.
Comenzamos con el núcleo de Misión y Entrega de la Vida y el tema “Incluir en tiempos de misión como rasgo específico de nuestro envío”. Estamos en tiempos de exclusión. Miramos a Jesús para ver lo que él hizo y lo que tenemos claro en el seguimiento es nuestra opción es la inclusión. En nuestra realidad actual, diferente de la de hace unos años, queremos gestar procesos de inclusión, y deseamos hacernos visibles en medio de contextos de exclusión; ya no nos basta ser una más, aparecer como luchadoras por la justicia, nuestro deseo es visibilizarnos como “seguidoras de Jesús” en ese caminar. Visibilizarnos en el respeto, en la identificación de las diferencias y también avanzando hasta dar razón de nuestras creencias.
Si anteriormente hemos vivido el éxodo de la salida de Egipto, movidas por Dios ahora caminamos en el desierto. Y el desierto es el lugar de experimentar que Dios camina con nosotras porque Dios cumple su promesa. Vivimos en un tiempo en ue la misma sociedad que nos protege a nosotras está excluyendo a otros. En el desierto ya no es claro lo de antes, y todavía no es claro lo que va a venir. Los medios de acercarnos a las personas ya no pueden ser los mismos. Si antes trabajábamos a través de estructuras, hoy tenemos que cultivar la dimensión relacional y relacionarnos personalmente, cara a cara.
Además, vivimos en interculturalidad. Esta situación nos provoca unan continua revisión de aspectos concretos de nuestra espiritualidad, un seguimiento diferente porque el Jesus que nos sale al encuentro en ella es diferente, tiene un rostro distinto. En el desierto las cosas han cambiado y necesitamos una espiritualidad nueva: Cultivar proyectos de de inclusión, compartir la fragilidad de nuestra vida, visibilizar las causas de la justicia.
Se nos llama a acoger la crisis económica y social en nuestra experiencia interior, a hacer exterior nuestra vida interior. Es cierto que hemos estado y estamos muy presentes y evangélicamente presentes en la acción, sin embargo hemos de preguntarnos por nuestra presencia en los foros de opinión o de comunicación pública. Son muchos los silencios clamorosos en esta situación.
La reunión comunitaria del primer día está estructurada como reunión de información y la oración consistirá en un estudio de evangelio sobre “el ciego de Jericó”: De sanado a salvado. De curado a seguidor de Jesús. Esta clave ha jalonado todo el encuentro a través de los diferentes iconos bíblicos elegidos.
El segundo día, después de la Lectio sobre la curación del leproso (Mc 140-45) y su experiencia de sanado y salvado, abordamos el núcleo de Comunicación y Encuentro, con el tema “Tres palabras para el encuentro”. A lo largo del camino compartimos palabras, muchas palabras. Las palabras de vida actúan si les dejamos ser semilla fértil. Dan a luz la misma vida que fecundan. En este programa hemos resaltado tres palabras: NOSOTRAS, PERDÓN, GRACIAS.
La comunidad de Jesús se constituye con aquellas y aquellos que, convocados por el Dios de la vida, han acogido su misericordia entrañable derramada en Jesús y se han sentido provocados a vivir la fraternidad, y a ser fermento y sal en medio de las realidades históricas. Debemos ajustar la mirada para decidir el lugar desde donde relacionarnos con los otros. La conciencia de “nosotras” genera identidad y pertenencia. Ser y sabernos hijas en el hijo nos permite decir “nosotras” y llamar a Dios padre y madre nuestra. Nos convoca y envía. Cuando el “nosotras” inclusivo es palabra- brújula en comunidad, podrá haber avances y retrocesos pero el proyecto de amor y de reino que nos convoca, será memoria y referencia continua para todas.
La palabra PERDÓN dicha con verdad es una palabra de madurez. Supone pedirlo de corazón y practicar la capacidad de ofrecerlo a las otras y a los demás. El perdón es el triunfo del amor. La vida y el crecimiento de la comunidad dependen, en parte, del grado de capacidad que tengamos para vivir este acontecimiento salvador que se nos propone en el evangelio. Según el evangelio de Jesús, nuestra condición de pecadoras es la que más nos garantiza un sitio en el Banquete de la mesa de Dios, un espacio en la comunidad.
La palabra GRACIAS es fruto del ejercicio constante de la memoria agradecida. El “gracias” que otros nos ofrecen nos caldea el corazón. Nos lleva a lo bello de nuestro interior. Agradecer genera alegría y aliento. La memoria agradecida produce confianza y la confianza no sólo trae la sanación sino también la salvación. La gratitud implica un estilo de vida en el que uno se regenera continuamente desde Dios. Exime de tener que demostrar nada o dar la talla. La memoria teologal preserva del olvido y lanza al amor esperanzado. Nuestra historia se hace relato para descubrir en ella un hilo conductor que se nos desvela como itinerario de amistad y encuentro de Dios con cada uno o cada una de de nosotros. Nos transforma en anunciadoras y testigos.
La reunión del día se centra en la comunicación vivencial y en la oración comunitaria oramos con el periódico.
El tercer día partimos de la lectio divina con el relato de la confesión del centurión y la presencia de las mujeres en la cruz (Mc 15,33-40). El centurión exclamó: “Verdaderamente este era el Hijo de Dios”. Las mujeres, que antes no habían aparecido como grupo en el evangelio, irrumpen con toda fuerza, como comunidad mesiánica, en torno a Jesús. Las que le han seguido y le han servido emergen ahora como principio de comunidad eclesial, como encarnación perfecta del discipulado Por acoger la cruz de Jesús y confiar en que el conflicto y el dolor no tienen la última palabra, las mujeres pudieron encontrarse con el resucitado.
Nos adentramos en el tercer núcleo: Conflicto y Cruz, con el tema “El conflicto suma y sigue…”. ¿Cómo entender el conflicto y cómo aceptarlo de manera humana y humanizadora en las diferentes situaciones de la vida? ¿Cómo hacer verdad en una misma para no caer en autoengaños ni reduccionismos a la hora de afrontar los conflictos? ¿Cómo realizar la mediación? Los conflictos vienen. Hemos de identificarlos para afrontarlos. Los hay destructivos y constructivos. Se resuelven a través de la elaboración, la distensión y el diálogo; pero la resolución de conflictos se apoya en una base más profunda, en una base ética constituida por los valores del Reino.
Aprender a reconocer y situarnos cuando somos parte del conflicto: ¿Cómo me sitúo, me comunico? ¿Cómo miro el sufrimiento? ¿Soy capaz de percibir lo valioso e importante que hay en el otro? ¿Soy capaz de descubrir que no tengo toda la razón?¿Soy capaz de conmoverme?. La clave para abordar los conflictos destructivos es potenciar el cambio de tendencia hacia conflictos constructivos. Con la fuerza interior del amor, Jesús transformó su sufrimiento y su muerte en fuente de una nueva vida, una vida de perfecta unión con Dios en la gloria. La transformación realizada en la pasión produjo la resurrección.
La reunión comunitaria del día se centrará en la comunicación sobre el conflicto y la oración se realiza con la canción Desaprender la guerra. Con ella profundizamos un poco más. El conflicto que nos afecta no termina en la relación comunitaria o congregacional. La conflictiva de nuestro mundo nos pide ampliar la mirada.
El día cuarto la lectio divina gira en torno a la fe con el relato de la curación del joven poseído por un mal espíritu (Mc 9,14-29). El fracaso de los discípulos se debe a su falta de fe. Sólo la unión incondicional a Jesús hará posible el milagro de la curación. Jesús escucha la súplica del padre: aumenta mi fe. Inicia con él un camino sanador pero no le sustituye. Suscita su fe. Le ayuda a creer para reengendrar a su hijo enfermo. Será su fe la que salve a su hijo. La oración sólo es verdadera cuando expulsa demonios.
El cuarto tema que abordamos es “Fomentar en las comunidades un clima facilitador de corresponsabilidad y participación”. La imagen de la comunidad cristiana como comunidad de amigos quedó pronto olvidada en nuestra iglesia. El evangelista Juan nos transmite que es la imagen deseada por Jesús: “Ya no os llamo siervos, a vosotros os he llamad amigos”. Entre amigos y amigas es más fácil sentirse responsable y colaborar. A mayor conciencia de con-vocados-as en la comunidad mayor espacio para el diálogo y discernimiento.
Este clima de diálogo y discernimiento se juega en torno a dos coordenadas: el reparto de poder y el estilo de comunicación. A través de un esquema en el que podemos reconocer el momento presente de nuestra comunidad se nos abre el camino para vivir en dinámica de acercamiento hacia momentos más avanzados en el clima de comunicación y el reparto de poder.
La reunión comunitaria se centra en la reflexión sobre un tema y la oración ha hacemos a través de la danzaEl quinto y último día comenzamos con la lectio sobre la vida en discernimiento (Mc 28,37): “Cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que ya está cerca, a las puertas, no os sorprenda dormidas”. ¿Cómo mantenernos en la espera? ¿Dónde? El va delante de vosotros a Galilea, allí le veréis tal como os dijo. (Mc16,7)
Abordamos el tema: “Vivir en actitud de discernimiento como talante y forma de vida”. Mantener esta actitud es una necesidad para todas las personas que quieren vivir con honestidad y hondura. El discernimiento nos regala vivir con los ojos fijos en Jesús y el oído atento a los susurros del Espíritu. Es una disposición a vivir la vida a fondo. De poco sirve tener claridad en el proyecto o incluso en el camino que conduce a él si no lo realizamos efectivamente. Se trata de un medio que ayuda a caminar por donde hemos elegido ir, sin ser arrastradas por otras fuerzas y presiones (de fuera o de dentro) que tiran de nosotras en direcciones distintas de las elegidas. Traducir las convicciones en decisiones concretas.
En la vida cotidiana nos servimos del discernimiento para tomar decisiones y dar pasos acordes con el evangelio. Encontramos tres llamadas en el capítulo 25 de Mt que dan luz a ese talante: AMOR( escena del juicio definitivo 25, 31-46), ATENCIÓN ( parábola de los talentos 25, 14,30) y VIGILANCIA (parábola de las jóvenes y las lámparas 25, 1-13).
La pregunta del amor para responder al amor no puede entenderse desde la clave voluntarista ( “agradéceme el amor que te tengo”), ni desde la clave perfeccionista ( “te quiero más que nadie”), ni siquiera desde la clave ética (“soy buena y trato de hacer el bien, no el mal”). La pregunta del amor solo puede ser entendida y respondida desde el amor (cf. Cant 8,7). El amor de calidad busca compartir en equipo; es un contar a fondo con la persona amada, un deseo de crecer más y más en el amor por la fuerza del amor mismo. El amor y más amor que nunca dice basta (Joaquina de Vedruna). Jesús propone el amor a los pobres como clave de discernimiento y verificación del amor. (Mt 25,31-46).
La vigilancia es llamada a vivir la atención hasta reconocer la presencia e invitación constante de Dios en cada acontecimiento de la vida. Es necesario vigilar porque son muchas las presiones que pueden apartarnos del camino y de las señales del Espíritu: La actitud de vigilancia lleva a desarrollar la sensibilidad para detectar las voces que “desorientan las presiones que adormecen, las acciones que apaguen las lámparas de la espera. Discernir así es cuidar la libertad. (Mt 25, 1-13). Vivir en discernimiento es buscar a Dios haciendo un itinerario permanente de la realidad al corazón y del corazón a la realidad. A Dios no se le busca, se le espera (S. Weil).
La reunión comunitaria está centrada en el agradecimiento y la prospectiva y la oración ya no es en grupo comunitario sino en el grupo plenario 153.
Don y Tarea
Al final, ¿qué me llevo? Tanto personalmente como desde la experiencia vivida en el grupo comunidad me ha llegado mucho el programa, la tónica de escucha, la vibración ante la perspectiva de vivir en discernimiento, la apuesta por participar a fondo que hemos vivido en el grupo. Me llevo también unos materiales valiosos, reflexiones, oraciones, modelos de reuniones estructuradas. Y me llevo el testimonio de un grupo que se deja mover por el Espíritu en la dinámica creativa del dar y recibir. Mi gran agradecimiento a todas vosotras, organizadoras y participantes y seguimos en comunión en la tarea compartida.
Carmen Lanao Eizaguirre
Dominica de la CRSD
Congregación Hermanas Carmelitas de la Caridad Vedruna
Curia General – Via Carlo Zucchi, 12 00165 ROMA (Italia)