VEDRUNA
PVE.-Experiencia de confinamiento en África
28/05/2020

En este momento de confinamiento, aprovecho en compartir con ustedes mi pequeña reflexión sobre el sentido de ser “BUENOS(AS) PASTORES(AS)”  cita evangélica del 4º domingo de pascua, recientemente celebrado, que coincide con el domingo de vocaciones. Mi preocupación es de saber si hoy tenemos Buenos(as) Pastores(as).

La vida religiosa ya  está perdiendo sus valores y entra en crisis.      Esto lo vemos con la disminución de vocaciones, salidas de religiosos(as), la sed del poder, la vida comunitaria deviene el infierno, desobediencia…, y me pregunto, ¿del por qué?

 Sí que, abundan razones frente esta interrogación ¿A que sí? y he descubierto una de las razones que, quizás, os conforme también y,  de mi análisis, constaté una falta de Buenos(as) Pastores(as). ¿Cómo? 

Primeramente habríamos que recordar que, la vocación es como el oro, como se sabe él, es precioso; y se tiene que cuidar y proteger. O definir la vocación como una semilla que el Hombre ha sembrado, para que germine y crezca hasta a ser un árbol, ante todo, el hombre habría que padecer, limpiando la maleza de sus entornos y, añadiendo un poco de tierra y estiércoles, o si no, se muere.    

La segunda cosa es de saber que Dios no llama a los santos(as), porque no habrá trabajo que hacer en ellos, por eso invita a los que ÉL pueda transformar (PECADORES) como tú y yo, lo mismo dice JESÚS: “Tengo además otras ovejas que no son de este redil, a esas las tengo que traer”.

Es la tarea de cada una de nosotras, ser pastora para los demás, sin atención a la edad, ni a la responsabilidad, como se piense.

Somos invitadas a ser buenas pastoras que la Iglesia y nuestro mundo necesitan más, mujeres capaces de abrir grandemente las puertas de nuestras casas que son nuestros corazones, a acoger a todo el mundo, rico como pobre, cristiano como pagano, inteligente como mediocre, pecador o no…, para transformarles.

Evitemos ofuscar la vida de los demás, y impulsémoslas a  saber optar y decidir, ya que, nadie es perfecta, todas estamos ante el arduo ejercicio de la vida, cuyo fin es, buscar la santidad.

HNA LUCIE-ANNE MULATA CCV.  

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