VEDRUNA
PERÚ. Vigilia de oración en memoria de los cincuenta hermanos/as fallecidos en el Perú
18/01/2023
Con la consigna ¡Ni una muerte más! ‘La sangre de sus hermanos y hermanas clama a mi desde la tierra...’ (Gn 4,10)”, la vida religiosa del Perú nos hemos reunido en la noche de este pasado lunes, en Lima, en una vigilia de oración.

Muchos religiosos y religiosas, laicos y algunos obispos, estuvimos presentes, unos presencialmente y los que no se pudieron acercar, lo hicieron a través de Facebook, por donde se transmitió la vigilia. Nosotras, las hermanas estuvimos presente en la Iglesia “La Recoleta”, en el corazón de la ciudad de Lima, y el resto se unieron online.

Fue una vigilia de profundo silencio y dolor, preparada con mucho detalle por la Comisión JPIC de la CONFER.

Los símbolos utilizados fueron muy ricos y hablaron por sí solos, la cruz, manta con los 50 nombres de los fallecidos, la luz, texto de Ezequiel 37,3-5, compromisos personales de paz, …

El deseo de “Llorar juntos la muerte de tantos peruanos, peruanas”, lo llevamos a cabo con creces. Hubo momentos muy emotivos en los que nos costó contener las lágrimas, que en silencio surcaron nuestras mejillas.

Los cantos muy propios para la situación, entonados por el grupo Siembra y coreados por los asistentes.

Expresamos nuestro compromiso de amantes de la vida, promotoras y promotores del diálogo, sembradores de esperanza, buscadores de justicia, constructores de paz, uniéndonos a los carteles que desde los diferentes puntos de la Iglesia se fueron desplegando y proclamando:
  • La sangre sigue clamando.
  • Un llamado a nuestro compromiso.
  • No permanezcamos sordos.
  • Que nuestra presencia sea signo de paz.
  • Fuente de esperanza, de encuentro en las diferencias, de diálogo
La bendición final fue impartida por Mons. Barreto, que con mucha fuerza proclamó un relato del profeta Jeremías que expresa el dolor de Dios por su pueblo, de ese Dios que llora su desgracia. Nos invitó a recuperar la dimensión profética de la Vida Consagrada, de denuncia de todo signo de muerte y de aquello que impide la vida de Dios, y de anuncio de esperanza, más allá de la muerte que nos golpea y de ese Dios que guía nuestra historia, la historia de nuestras vidas.


En silencio nos fuimos retirando, con el corazón lleno de dolor y la certeza de que la fuerza del Espíritu de Jesús, del Dios compasivo nos dará las luces necesarias para abrir brechas, caminos de diálogo, en este desconcierto que nos invade en estos momentos, con la esperanza de que otro país es posible.
                                   Hna. Isabel Miguélez CCV
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