VEDRUNA
PERÚ-SULLANA. “A quién temeré si Dios es mi creador”
29/05/2020

Cuando empezamos el aislamiento era novedoso para mí tener que permanecer en casa todos los días durante las 24 horas. Salía solo lo justo y necesario para hacer las compras y retornaba lo más pronto posible para evitar que el virus me alcanzara.

 

Esta realidad, entre broma y serio me iba costando cada día, al punto de cederle el paso al miedo y dejarme alcanzar por la ansiedad más terrible que podría haber vivido. Los medios de comunicación fueron los peores consejeros por la situación sanitaria que se está viviendo. Informaban que el número de contagiados y decesos aumentaba considerablemente hasta el punto de superar mi capacidad de entender la muerte (esto lo podría imaginar sólo en una guerra).  Este motivo me hizo pasar del ruido al silencio inquietante, del compartir al egoísmo, de la amabilidad a la hostilidad, de la cercanía al alejamiento y de muchas cosas que podría ser capaz con tal de estar oculta a esta terrible situación.

 

¿Qué podía hacer con todo esto que me pasaba?, ¿qué decisión sería la más apropiada para estar serena? Entonces decidí entrar a ese infierno descrito por Dante Alighieri, bajar a cada uno de mis temores, de mis asfixias e ir explorando lo que podría encontrar ahí, ¿realmente a qué le tengo miedo? Cada escalón de estas aguas turbias va revelando cosas que son verdaderamente enriquecedoras y lo que parece oscuro se va haciendo luz, lo que parece remolino se convierte en calma y lo que parece guerra se transforma en paz.

 

… Nada fácil es navegar por este averno que tiene un feo rostro que podría ser consolado, sanado y quizás transformado.

 

De esa situación angustiosa y terrible empecé a encontrar un poco de serenidad que cada día la refuerzo en la oración. Encontré al silencio como don y desde donde me deleita escuchar a las aves en horas que quizás en otro momento no se oían. Puedo percibir aromas a flores y disfrutar de ello porque ya no existe el olor al desecho de caña de azúcar que se producía diariamente antes de la pandemia.

 

Descubrí que estoy hecha para vivir, para poner mi lámpara sobre lo más alto hasta agotar mi luz, y que mi mayor sentido está puesto en Dios Creador.

 

Tras releer la historia de la creación (Génesis 1) me doy cuenta que se está recreando nuevamente todo y que es parte de un proceso de sanación pese a lo difícil que se vive y se sufre. “Dios vio que la luz era buena, y separó Dios la luz de las tinieblas”, es por eso que hago de mi refugio al Señor que hizo el cielo y la tierra.

                                          Marita Cardoza Frañowsky, colegio Santa Úrsula

 

 

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