VEDRUNA
HAITÍ. “La mejor experiencia de mi vida”--HAITÍ. “A melhor experiência da minha vida”
12/02/2018
Me llamo Nájia Zerbetto Furlan y soy periodista y brasileña. He ejercido la profesión durante 12 años. Hasta que en enero de 2015 decidí dejar la oficina de prensa de los Puertos de Paraná para realizar un sueño que tenía desde los siete años de edad: ser profesora.
 
¡Colegio Vedruna Maringá (Brasil)! Con un escalofrío en el estómago, pues nunca había enfrentado el aula, ¡acepté la propuesta para ser profesora de inglés! Fue en agosto de 2015, cuando empecé. ¡Muy tranquila! Esta primera clase era de adolescentes (1er ciclo de Enseñanza Media).
 
En las clases, percibí que los muchachos tenían mucha dificultad con los textos, pero me di cuenta que la dificultad no era con el idioma, sino con la realidad, con los hechos, con lo que sucedía en su interior... ¡qué poco sabían de eso y qué poco les interesaba!
 
Fue ahí que propuse que hiciéramos, para el 2016, un Proyecto con esos adolescentes: Actualidad y Lectura Crítica. Con encuentros quincenales, intentaríamos llenar un poco esa laguna. ¡Eran encuentros para estimular esa conexión con la realidad! Y funcionó. En 2016 y 2017, trabajamos con los primeros cursos de enseñanza media esa mirada crítica a la realidad.
 
En 2017, o sea, el año pasado, uno de los temas fueron los inmigrantes haitianos que vivían en varios lugares de nuestra ciudad. Primero les hice percibir esta presencia. Después promoví charlas con inmigrantes y entidades que atendían a esos inmigrantes en la ciudad. Para finalizar, tomé los estudiantes y profesores interesados en tener contacto con un grupo de haitianos que se reúne cada domingo en una iglesia, para aprender portugués.
Conversamos bastante sobre esta realidad. Hicimos una campaña sencilla en las redes sociales para que las personas tratasen bien a los haitianos que viven en Maringá. Sin embargo, los adolescentes perdieron interés rápido en el asunto. ¡Pero yo no!
 
Me quedé tocada con este breve contacto que tuve con los inmigrantes haitianos. Fue llegando la época de las vacaciones (de octubre en adelante). Yo ya estaba pensando en mis vacaciones, pero los haitianos no salían de mi cabeza... Estaba realmente tocada con la capacidad de ese pueblo de recomenzar en otro país, en otra cultura; llenos de sueños y hasta con alegría.
 
Un día, después de la reunión de la semana de la escuela, conversando con una de las hermanas (Irma María López), responsable de la pastoral de la escuela, me dijo que había hermanas de la misma Congregación (Carmelitas de la Caridad de Vedruna) que trabajaban con los menos favorecidos en Haití. ¡No tuve duda...! ¡Era ese tipo de viaje el que yo quería hacer!
 
Me ofrecí y hermana María me puso en contacto con las hermanas en Haití (Núria, Carmen e Isabel), que me aceptaron. ¡Una realidad! Me puse todas las vacunas necesarias; comprobé si mi pasaporte estaba al día. Compré los pasajes (hasta Santo Domingo, donde me encontraría con las hermanas Núria e Isabel y esperamos a Carmen Alicia que venía de Venezuela). El 11 de enero salí de Guarulhos y llegué a Santo Domingo. Al día siguiente, llegó Carmen Alicia y, al tercer día, vinimos a Haití.
 
Estamos en un pueblo llamado Fonds Parisien, con cerca de 35 mil habitantes. El "barrio" es Kou de Pinganot  (Sólo aquí son más de seis mil personas). Ya hace más de 30 días que estoy con las Vedruna Núria, Carmen Alicia e Isabel y me sigo impresionando cada día con el trabajo y la dedicación de ellas. Aquí, las tres llevan varios proyectos con la comunidad. Son tres mujeres fuertes, integradas y muy capaces - preparadas profesional y espiritualmente.
Por la mañana me quedo con ellas en la escuela y por la tarde, cuando no estudio el idioma local, ando por la comunidad (visitando las casas de los enfermos con Carmen Alicia, que es enfermera).
 
Cuando mis amigos y familiares entran en contacto conmigo, me preguntan: "¿cómo es ahí?". Entonces, vamos a los hechos...
Aquí en el barrio hay gente de todas las edades. Son extremadamente pobres. Son pobres como no podía imaginar.
No reciben ningún servicio público gratuito. Siguen sobreviviendo cada día, rebuscándose la vida.
La muerte para ellos está siempre muy cerca. Aquí no he hablado con ninguna persona que no haya perdido a un ser querido, en tiempo reciente. A veces, enfermedades simples como una gripe, les matan. Porque no se tiene acceso al tratamiento, ni tampoco la higiene necesaria. ¿Sabe cuál es una causa de muerte entre los niños? Gripe e infección. Gripe porque duermen en el suelo (en la tierra), sin cama. Y por la noche, sobre todo ahora que es invierno, se enfrían un poco. Entonces, todo el “friaje” les hace daño. Infección porque no tienen cuidado e higiene básica. No tienen baño; no tienen tuberías y mucho menos agua. No tienen cocina; ni frigorífico; no tienen energía; utilizan la misma toalla cuando se bañan (con baldes de agua que compran de los pozos y pagan, aunque no sea tratada, o en alguna "charca" -o casi arroyo- de agua dulce que encuentran. Las necesidades fisiológicas las hacen a cielo abierto (la mayoría no tiene letrinas ni baño). Aquí todo es polvo y piedra. No llueve; hay escasez de agua; muy poco verde. También son muy pocas las plantaciones. La base de la alimentación es arroz, frijol y legumbres (hojas, verduras… las que se tienen por aquí). Consideran la papaya verde también entre las legumbres que comen en las comidas. No comen huevo porque son pocas las gallinas y el huevo es muy caro.
 
Pero a pesar de todo eso, voy a decir una cosa... Por cierto, esta realidad llena mis ojos y mi corazón: me siento muy bien aquí. Ellos son cariñosos; receptivos; ¡agradecidos, alegres y los paisajes hermosísimos! Además, puedo enumerar una serie de otras cosas que tienen de sobra y que muchos en situación mejor no tienen:
-       En la escuela, los niños van impecables, así como los profesores; ¡para ellos es un gran orgullo poder estar allí!
-       No existe el bullying y ellos no se preocupan por cosas como "eso es cosa de niño/ es cosa de niña" o "estoy gordo/a"; o aún "lo que los demás piensen de mí"... ¡nada de eso!
-       Cuando se pasa por delante de las salas de clase - de cualquier edad - no se ve desorden; todos están en silencio, copian, trabajan, participan. ¡Es demasiado!
-       Se necesita ver la hora de la comida. No se niegan. No hacen cara fea. Y todos llevan los platos y uno a uno agradecen a las mujeres de la cocina la comida preparada. ¡Así es en l’École Vedruna!
 
En las calles, todos saludan, preguntan cómo estás. ¡Entre ellos mismos también!
 
¡¡¡La cosa más linda que vi es que, incluso pasando hambre, ellos comparten todo!!!
En la escuela, los grandes cuidan a los pequeños. Y los pequeños, entre ellos, uno ayuda al otro, cuando termina antes (sea la lección o la comida).
 
¡No pierdo, ni mi vida ni nada, al contrario, todo es ganancia! ¡Aprendo mucho con esta gente haitiana!
 
Y también aprendo bastante -cada día, en las pequeñas cosas, en los gestos más simples y en los momentos cotidianos- en la convivencia y compartir que estoy teniendo con las Hermanas. Ellas me demuestran de una manera tan sincera y apasionada, la mejor cara de la Iglesia de la que forman parte. En la actuación de esas tres mujeres, en un país tan pobre como Haití, logré ver el verdadero sentido del Evangelio de Jesucristo y la verdadera lección de amor que nos dejó Santa Joaquina de Vedruna.
 
Entonces, si pudiera resumir lo que estoy viviendo en Haití, yo diría que estoy viviendo ¡AMOR! ¡Es increíble!
Estoy muy agradecida a Dios y a mis amigas (las hermanas Vedruna) por estar aquí, pudiendo servir con mi granito de arena a estas personas, al menos por un tiempito.
¡Me siento muy feliz!
Nájia Zerbetto Furlan, voluntaria

El texto en portugués se encuentra en el PDF adjunto
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