VEDRUNA
CUBA. Peregrinación a la Gran Piedra
07/12/2017

Todo comenzó cuando la ciudad de Santiago de Cuba abrió sus brazos majestuosos, uno de Sierra y otro de mar, para recibir a los jóvenes de todo el país, que acompañados por Hna. Ileana Lebeque ccv, Sergio J. Ojeda sj., Hna. Chely Barrera rjm., Ingmar Vazquez sj., y Pepe Castillo sj. y tras un largo viaje desde sus ciudades de origen se daban el abrazo fraterno en la parroquia de la Sagrada Familia.

 

La peregrinación ecológica a la Gran Piedra atrajo caminantes de Pinar del Río, Artemisa, La Habana, Cienfuegos, Camagüey, Holguín, Bayamo y por supuesto, Santiago. De carismas y motivaciones muy diferentes sobresalía el objetivo común: ‘encontrar a Dios’.

 

Desde la noche del viernes 24 de noviembre y hasta la oración de envío en la mañana del sábado 25 de noviembre, estuvimos preparando nuestro equipaje, que incluía agua, pan y dulces, intenciones, metas, cargas, ánimos, proyectos, consolaciones y desolaciones, y el deseo primitivo de comulgar con la Creación.

 

Una caminata de ¡14 km! con curvas y pendientes nos llevó a la cima imponente; y allí, a 1234 m.s.n.m. (metros sobre el nivel del mar), con las nubes literalmente a nuestros pies, ante la hinchada colcha vegetal que se extendía hasta donde daba la imaginación, compartimos en una oración agradecida lo que fue nuestro camino.

 

Para unos, la profundidad del paisaje, para otros la solidaridad de los compañeros, para algunos más el cansancio de sus pies o la bendición del buen clima, representaron durante el camino el rostro de Dios. Ya sea en el sudor, en las risas, las frutas que encontramos, los animales que se nos cruzaron, los detalles que advertimos, la foto que tomamos o la piedra que atesoramos, todos de alguna manera nos acercamos a Él. El vértigo o el cansancio nos obligaron a superarnos y, como es habitual en las actividades de la PJI (Pastoral Juvenil Ignaciana), surgió el vínculo y la amistad.

 

Siempre hubo un momento en que creímos que no llegaríamos; pero ya que podemos contar la hazaña, será más difícil en nuestra vida futura decir “no puedo”, porque esta peregrinación nos demostró lo contrario: se puede mucho con la ayuda de Dios y los hermanos.

 

Llenos de alegría y recuerdos, agradecidos con Dios que se mostró generoso en belleza y cercanía, seguros de volvernos a encontrar, regresamos a nuestros hogares con muuucho que contar.

 

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