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En estos momentos nos hacemos todavía más conciencentes de la presencia amorosa de Dios que nos habita, nos envuelve, nos abraza.

También nos hacemos conscientes de las personas que estos días vamos a compartir un tramo del camino.

En unos breves momentos nos acercamos a dos otres personas que queremos saludar porque hace tiempo no nos vemos, o no conocemos mucho.. y así en este acto de inclusión y cariño nos hacemos y sentimos gozosamente más Familia.
MESA TESTIMONIOS – GALILEA 2015

“Fuertes, humildes y diligentes. Mujeres caminando hacia una cultura reconciliadora”

En el encuentro contemplamos diversos modos y momentos:

iluminación desde la Palabra, mesa de experiencias, celebraciones de la fe… todo ello y la convivencia y diálogos de estos días que nos ayudaran a profundizar, y ojalá a sentir la urgencia de cultivar actitudes de paz, perdón y reconciliación en los espacios en los que compartimos la vida.

CARTA DE Mª NARCISA FIOL, HERMANA PROVINCIAL
Queridas todas:
Me dirijo a vosotras como lo haría Joaquina: “¡cuánto me gustaría veros y estar con vosotras!
Había preparado con ilusión este encuentro pero ya que no es posible, no quiero dejar de enviaros mis palabras de saludo y de deseo grande de que la experiencia sea para todas motivo de gracia y crecimiento como mujeres “fuertes, humildes y diligentes” Estoy segura que así será.
Quiero comunicaros que el haber tenido la oportunidad de pensar y reflexionar en este tema acompañando a la vez la experiencia de debilidad de mi hermano, me ha ayudado mucho a convertir el sufrimiento en momento de gracia y descubrir mucha más riqueza en esas palabras de Joaquina. Es una debilidad vivida sin duda alguna con una gran fortaleza que nace de la Fe, de una humildad esperanzada que le ayuda a vivir con confianza el abandono pero sin derrumbarse y poniendo todo de su parte para permanecer VIVO. ¿Y no es eso diligencia? Gracias a todas porque vuestro oración, cariño e interés nos está ayudando muchísimo a que lo vivamos de esta manera.
Algo se me ha iluminado con fuerza en esta reflexión. El deseo de Joaquina “del noviciado vienen los espíritus fuertes, humildes y diligentes” (Ad.12) no era otra cosa que anunciarnos a todas las Vedruna que así nos quería, a las de entonces, a las de ahora y a las que serán.
Tanto a las religiosas como a las laicas. Y sin duda -pruebas tenemos- que esa mujer apasionada por la Gloria de Dios y el bien del prójimo, no quería otra cosa que nos fortaleciésemos en ello para da respuesta al gran
proyecto evangelizador que teníamos entre manos.
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